Teul de Glez Ortega Zacatecas

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sábado, 27 de julio de 2013

El conversacionalismo, y/o una comalada de jóvenes poetas (sic)


¿Qué  queda de aquellos jóvenes iracundos, verdaderos parricidas, y de su presencia en las peñas y bares como la Mutualista,  la peña Cuicacalli ? 35 años después, en el tránsito a la muerte, el poeta  se halla en la posición de no pertenencia a ningún espacio: no vida, no muerte. Configurado como sujeto ambiguo, cualquier posibilidad de obtener una posición en la sociedad, se ve cortada por esta característica, la de no poder definirse. Excluido del colectivo, sólo le resta la soledad.  El concepto de envejecimiento social (Bourdieu, 2002), se relaciona con un proceso de aprendizaje que lleva al sujeto a tomar una posición dentro del mundo.

Ahora, como lo explica , la poesía debe buscar para ellos la comunicación entre los hombres e inyectar a través de sus poemas fuerzas y alegría de que se puede cambiar el sistema caótico de la sociedad, es decir, una poesía que respire, que no sea un simple panteón de palabras: "

El poeta Arturo Trejo Villafuerte editor y corrector de la semana de Bellas Artes que guió por aquellos tiempos la generación de los cincuenta (poetas que son los que nacieron entre 50 y 59- se caracteriza porque empezaron a ser poetas y licenciados, poetas que estudiaron lingüística y literatura, que antes no lo hacían o no lo hacían mucho, y a partir de esa generación ya mucha gente, muchos poetas, se dedicaron a la Academia.)

  ¿Qué pasa? A la vuelta del tiempo todo esos poetas fueron formando a otros poetas y yo creo que todos nosotros tenemos por profesores a alguien que escriba poesía; profesores que nos han formado. Claro, se necesita una profesionalización del trabajo.

 El poeta tiene que saber qué está haciendo, con qué recursos, ser cada vez más consciente de la técnica pero también de la tradición literaria, menor ingenuidad y sobre todo, mayor espíritu de crítica, y eso es importante, por supuesto. Yo creo que ese divorcio entre Academia y literatura y creación, es como muy decimonónico, hoy no tiene espacio … Es básica. Para la crítica es un asunto básico, y todo poeta que se precie de ser un gran poeta, necesita ser forzosamente crítico.

Una comalada de jóvenes poetas

 

Para la década 1950 es común hablar de una literatura de compromiso social, literatura militante y antiimperialista, época de crisis ideológicas, fin de la guerra y el nacimiento de potencias político y militares que culminan con la caída del muro de Berlín. (aunque desde 1940 los balbuceos).

El resultado: poetas, novelistas, cuentistas y artistas de la acción inmediata no sólo de la literatura sino de la vida cultural y política como muestran Juan Carlos Onetti, José Lezama Lima, Julio Cortázar, Nicanor Parra, Efraín Huerta, Enrique González Rojo, José Revueltas, Ernesto Cardenal, Nicolás Guillén   o el propio Octavio Paz. Sí, todo ellos de posturas estéticas disímiles pero de ciertas coincidencias políticas como el humanismo marxista.

Principio fundamental de esa época: espantar al buen burgués, en cambio, los autodenominados Nueva Vanguardia ya no quiere espartar a nadie, sino proclamar una nueva sociedad, un nuevo orden que no sólo quede en los manifiestos sino que igual que la Revolución Cubana permanezca en la manifestación y en la realización. No sólo busca dentro de la literatura sino fuera de ella, niega la institucionalización de los géneros literarios para ir a una nueva práctica discursiva, no sólo para dudar de los hallazgos de sus predecesores sino para encontrar y dudar de los propios.

 El Nadaísmo (Colombia) es fundado en 1958 con la aparición del Manifiesto Nadaísta y finaliza con la muerte de Gonzalo Arango en 1976. Año de inicio del Infrarrealismo en México con la publicación del documento DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE. Primer manifiesto del movimiento infrarrealista (1976) y que con la muerte de Roberto Bolaño es reactivado en el 2004. Mientras que El techo de la ballena irrumpe de manera contestataria en el año de 1962 cuando Carlos Contramaestre realizara el "Homenaje a la Necrofilia" en que expone vísceras podridas como símbolo e indicio de que el arte, la cultura y el poder en occidente también se han podrido. Por otra parte Argentina sería sorprendida por un aquel "joven-viejo" llamado Miguel Grinberg, que de manera iracunda fundada en 1939 una agrupación (por no llamarla Nueva Vanguardia) bautizada con el nombre de Mufados y cuyo fin llega en el año de 1963. En México Enrique González Rojo y Eduardo Lizalde crean hacia 1948 el Poeticismo.

Pero haciendo un poco de justicia,  es necesario nombrar en la poesía hispanoamericana, desde finales de los 50 y hasta fines de los

80, aquellos osados que con su eclosión de agrupaciones, acciones, revistas y poéticas neovanguardistas de dimensiones continentales. Diagonal Cero, Tucumán Arde, los mufados, los neorrománticos y los neobarrocos en Argentina; la Tribu No, CADA (Colectivo de Acciones de Arte) y las Yeguas del Apocalipsis en Chile; los nuevos, Hora Zero, Kloaca y Neón en Perú; los tzántzicos y el Frente Cultural en Ecuador; los dadaístas en Colombia; Tabla Redonda, El

Techo de la Ballena, Trópico uno, Tráfico en Venezuela, la revista El Corno Emplumado y los infrarrealistas en México. Habría que considerar asimismo los aportes de El Puente y El Caimán Barbudo en Cuba; Piedra y Siglo y La Cebolla Púrpura en El Salvador, los trascendentalistas en Costa Rica, que incorporan otras aristas, además de poetas que de manera individual cultivan

estéticas de avanzada, provocando expresiones heterogéneas y mutantes, que directa u obliteradamente expresan el gesto político de su ruptura. En estrecha interrelación artes poéticas, visuales y, de forma eventual, artes escénicas proponen un nuevo abordaje crítico a la institucionalidad artística.

 

En sus dimensiones más visibles, las vanguardia se caracterizaron por una actitud vitalista como ocurrió con los nadaístas, El Techo de la Ballena, los tzántzicos o la Tribu NO; o por una actitud hiperartística como fue el caso de Diagonal Cero o Los Huevos del Plata o con los neobarrocos,

aunque se trata de matices, ya que la actitud vitalista atraviesa el proceso en su conjunto. En ambos casos, de todas formas, se mantuvo un gesto político, performativo e intervencionista de las claves culturales dominantes.

Como Nietzsche, que buscaba con radicalidad afirmar la vida aceptándola tal cual es, los neovanguardistas, herederos del proyecto arte-vida de las vanguardias históricas, intentan articular su relación con la realidad por medio de una praxis vital, impulsando la intuición y la subordinación de lo racional a los impulsos creativos.

atacar las convenciones artísticas es indispensable para que por medio de ellas se

logre transformar las relaciones al interior de la sociedad burguesa. Peter Bürger ha señalado que “Cuando los vanguardistas plantean la exigencia de que el arte vuelva a ser práctico, no quieren decir que el contenido de las obras sea socialmente significativo” (103), la crítica va dirigida al funcionamiento del arte en la sociedad. El radical ataque de los nadaístas a la Iglesia

católica es la expresión más violenta de un común interés por intervenir la vida práctica. Bürger (1987) ha llamado fase postvanguardista al arte que se puede caracterizar, porque la categoría de obra artística ha sido restaurada utilizando procedimientos ideados con intención antiartística por la vanguardia.

Su profunda crítica a la neovanguardia como repetición de la vanguardia desprovista de su gesto crítico, ha sido agudamente criticada por Hall Foster (2001) en su ya clásico El retorno de lo real. La vanguardia a finales de siglo.

El documento fundacional es el “Primer Manifiesto Nadaísta”, redactado en 1957 y publicado al año siguiente. Las alusiones a Breton, Mallarmé, Sartre y Kafka son parte de una textualidad que retorna y recicla el discurso de los manifiestos de las vanguardias, en una actitud contracultural y anticonservadora, que recuerda los primeros gestos dadaístas y surrealistas. Pero por sobre todo se encuentra en sintonía con el vitalismo de la generación beat, como buena parte de los movimientos neovanguardistas hispanoamericanos de los 60 y 70. Este diálogo de las neovanguardias hispanoamericanas, en su vertiente vitalista, con la generación beat y el movimiento hippie, se puede rastrear desde El Techo de la Ballena a Hora Zero, desde la Tribu No a los infrarrealistas. Para no cansar en este monologo de hechos acaecidos una breve reflexión hay que tener  mayor cautela aún cuando se incurre en cualquier intento de periodización, o en cualquier trazado de líneas dominantes y subalternas. Antes que nada, como es obvio, porque el corte de la libre circulación de las ideas y de sus productos veda la cómoda fórmula de pensar sólo en lo publicado.

 

 

 

 

 

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