La institución "poeta joven", tan en boga especialmente en los Sesenta, fue deslegitimizándose, aunque el término justo sería, "desfebolatrizándose", "Poetas jóvenes" emblemáticos fueron Antonio Cisneros (hoy fallecido), Javier Heraud, cuyo sacrificio en nombre de la revolución lo transformó en paradigma, mas su inmolación lamentablemente predomina sobre sus textos. Como también José Watanabe y Enrique Verástegui, con la diferencia de que estos últimos muestran una singular capacidad de renovación. El presente nos muestra que, generalmente, aquellos consagrados tempranamente como portavoces de nuevas "poéticas" renunciaron a la persistencia del ratón que roe un féretro, tal como lo exige la poesía, y para muestra los botones, José de Jesús Sampedro, Ricardo Castillo, y una larga lista de asambleístas de la recopilación de Gabriel Zaid, en siglo XXI.
Decir que hay tendencias renovadora y modernizante y otra experimental que transcribe la ebullición social y el clima de la angustia generada por la violencia política, es mirar una parte del problema, y no el más importante y significativo. Al bucear en la poesía se interrogan: al mundo y las poéticas que dan respuestas, muchas, veces por adelantado, por eso mismo, a veces caen en la incomprensión de su valoración literaria,
Cada quien con su propia expresión literaria y existencial, es decir, con su propia entrega de vida ante el oficio poético, en un país lleno de mezquindades y avaricias humanas, donde el peso de la mentira, de la traición, el cinismo es consustancial a muchas almas humanas, surge una nueva palabra, una palabra verdadera y directa que se enfrenta a esos reinos maledicientes de la conjura humana.
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