Teul de Glez Ortega Zacatecas

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martes, 11 de diciembre de 2012

NACIONALISMO VS. MEXICANIDAD


Resulta importante la reflexión crítica actual sobre la historia de México, a propósito del bicentenario. Al celebrarse el bicentenario y el centenario, se impone la especulación histórica, para contrarrestar la cómoda propaganda gubernamental de nuestros días, que pretende utilizar los acontecimientos del pasado para justificar los actos del hoy y el mañana.

            Inmediatamente al conflicto armado de 1910 se procedió a diseñar un proyecto de país que dio origen a varias de las instituciones, todavía actuales en la vida del mexicano. Para este escrito hemos escogido y analizado tres ejemplos destacados dentro del campo plástico, literario y musical, que sintetizan al máximo la ideología emanada de la revolución y que forman parte importante de este nuevo plan nacional; son ejemplos de las buenas intenciones para el devenir de México. Tanto Diego Rivera, Agustín Yáñez y Silvestre Revueltas se encuentran en el centro creativo del país, al consolidarse el proyecto cultural que propusieron los ideólogos revolucionarios.

Porfirio Díaz tenía una concepción ideológica muy clara y sabía a ciencia cierta el posible rumbo del país, algo que está muy lejos de suceder actualmente. Se fundamentaba en los posivivistas Comte y Spencer. La filosofía de Spencer aceptaba el libre enriquecimiento de la burguesía mexicana, como en los países anglosajones y buscaba establecer una tiranía honrada, que habría de solucionar todos los problemas con la sola buena voluntad de los potentados.

Una de las principales falacias del sistema porfiriano pretendía basar el avance social y la libertad del espíritu en el simple progreso material. Al respecto se deseaba el progreso por el camino de la evolución, nunca de la revolución. Las buenas conciencias de la minoría adinerada eran suficiente fuerza para resolver los problemas sociales, se afirmaba equívocamente.

Además se sacrifica la libertad política en aras de la evolución social al limitar las libertades sociales en favor del orden, lo que provocó creciente descontento social. A la manera de Maquiavelo, se impuso el ceder el poder político y la libertad al hombre fuerte: Porfirio Díaz. La tiranía honrada busca promover la educación, que llevará a la libertad, fórmula errónea que calculaba el poder. En el fondo, el porfiriato fomentó el materialismo, la deshumanización y el progreso para unos cuantos, no existió la verdadera libertad, mas que para enriquecerse.

Por otra parte, se fomento el cientificismo: la ciencia habría de acabar con los problemas de México, incluyendo los políticos y sociales. Además se menosprecia la libertad política (electoral). El orden burgués se identificaba con el orden nacional: orden político y libertad económica.

La oposición ideológica al porfiriato empieza con una crítica a su filosofía oficial por parte de Justo Sierra. Los dos aspectos fundamentales del s. XIX: el modelo literario francés y el positivismo. Como se acostumbra cíclicamente en este país, el Ateneo de la Juventud hace énfasis el 28 de octubre de 1909 en el espíritu de renovación por el centenario. Sus preocupaciones filosóficas y sociales se centran en el fenómeno de la educación.

La nueva ideología posrevolucionaria muestra una muy marcada afición a la Grecia antigua y a los poetas latinos, el conocimiento amplio de la cultura moderna, además una muy profunda preocupación de lo mexicano y lo hispanoamericano. La relación entre lo mexicano y lo universal se vuelve discusión central para todos los creadores. Lo anterior se desarrollará muy ampliamente en el personaje real (Silvestre Revueltas) y el novelado (Gabriel Martínez); los dos se identifican en un retrato del más idealizado perfil de lo mexicano universal.

Además es muy importante el humanismo como exaltación del hombre; libertad como fundamento del espíritu; sentido universalista de la cultura y amor a los clásicos; interés por Hispanoamérica y por la cultura española; utopía hispanoamericana (federación); rescate de los valores de la cultura popular (sin un carácter nacionalista); cristianismo humanista, vagamente socialista; redimir a los mexicanos por la educación.

Plan posrevolucionario: las buenas intenciones del edificio político mexicano. El país estuvo por algunos años en las manos de ideólogos bienintencionados, quienes diseñaron un plan de cultura que buscaba unificar el nacionalismo en México, incluyendo influencias tan dispares como las vanguardias de los años veinte, entre otras. Anteriormente se han nombrado las influencias fundamentales que generan la concepción del nuevo país, así lo pensaron los constructores del México posrevolucionario.

Ejemplo plástico: La creación de Diego Rivera, que se encuentra en San Ildefonso, en la ciudad de México, es la fragmentación de todos los elementos del plan posrevolucionario. Mural que sintetiza el crisol ideológico de los años 30; se incluyen desde las influencias más clásicas (Grecia y Roma: las musas), hasta la técnica renacentista del fresco y el tríptico, pasando por la simbología medieval que pone especial énfasis en las triadas. Además la mexicanidad se representa mediante algunos personajes mestizos, que alternan con la tradición europea; igualmente está muy presente el elemento central de las culturas prehispánicas: el maíz, que en el mural constituye el centro figurativo de toda la composición. El ejemplo plástico en su perspectiva histórica, sintetiza el proyecto de país que pensaron los ideólogos de la posrevolución, es el equilibrio perfecto entre lo uno y la múltiple.

            El diseño del mural nos remite hasta los frescos renacentistas y recoge también la simbología medieval del tríptico y las aureolas de los iluminados de la fe católica; son esenciales las referencias a la Trinidad y su simetría religiosa que trasciende al arte. De inmediato reconocemos la mano de Dios dividiendo en tres partes la composición y a las propias figuras que se agrupan predominantemente en tríos. Además se incluyen símbolos paganos y prehispánicos. Los personajes que aparecen van desde  ángeles, mestizos, musas, conquistadores y conquistados.

Novela: La creación (1960) de Agustín Yáñez, que utiliza la técnica decimonónica del personaje central en Gabriel Martínez. La continuación de Al filo del agua, desarrollo de las ideas estéticas del novelista, técnicamente un paso atrás en relación a las vanguardias, aborda detalladamente el problema de la creación artística e identifica al personaje de Gabriel Martínez con la figura histórica de Silvestre Revueltas, clave en la consolidación de la música mexicana.

            La novela explora la ideología posrevolucionaria como elemento integrador en el plan de la nueva época para nuestro país. Además se ensaya en sus páginas el problema del realismo estético y la interrelación de las artes, tan importante a mitad del siglo pasado.

            Como un tema inédito en la reflexión estética y musical en México, se hace referencia a la profesión de músico como ente emancipado, que se valora por sus habilidades estéticas. Desde Al filo del agua su autor bosqueja en el personaje de Gabriel Martínez al músico profesional, lo que se consolidará posteriormente en La creación.

La música nacionalista tiene sus raíces en Europa. Silvestre Revueltas y su identidad con Gabriel Martínez. Representa la convivencia y fusión de lo uno y lo múltiple: los irrenunciables elementos universales en armonía de la tradición popular mexicana. La formación de Revueltas estuvo orientada a los músicos norteamericanos como Gershwin y Copland, lo que influye en su concepción nacionalista que busca recuperar las raíces folclóricas y elevarlas al nivel de la música de concierto.

Si Gabriel Martínez, desde las primeras páginas de La creación regresa a México luego de haber estudiado en Italia, encontramos que en la vida real Silvestre Revueltas vuelve a México con el diploma obtenido en Chicago. El conocimiento profundo de las vanguardias musicales del momento nunca le impidió recurrir a las raíces musicales más populares; baste recordar sus extraordinarios Cuartetos de cuerda, donde conviven las formas clásicas con los sonidos de ferias y organillos callejeros.

Síntesis. Estas tres obras son ejemplos destacados del proyecto ideológico que desarrolló la revolución. No son las únicas obras que ilustran el fenómeno y hasta la fecha constituyen referencias definitivas a la producción ideológica de la mitad del siglo XX.

 

 

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