Aunque existe un amplio consenso en cuanto a que los seres humanos somos seres culturales, resulta problemático definir nuestra idea de cultura.
En particular creo que cultura significa comprender el “mundo imaginativo” y si la gente siempre buscar hacer sentido de su vida, en todas las construcciones humanas, voluntarias e involuntarias, concientes e inconscientes, la diversidad no deriva de los hechos contrastables.
Es necesario asumir el desafió para construir respuestas complejas frente a el mundo contemporáneo donde sólo con los ojos vendados pueden encontrarse sociedades homogéneas.
Quienes auspician la investigación en la propia sociedad afirman que una cosa es conocer una cultura y otra haberla vivido.
Lo anterior, porque Sergio Fong ve correr la vida y la celebra, con gran compromiso, de narrador y cronista, su obra pertenece a ese tipo de obras que no son un medio de evasión, sino que de enfrentamiento con la realidad y uno de sus recursos transformadores, que proviene de la experiencia indiscutiblemente aceptada.
Rompe el miedo, a la irrupción de los de abajo, hace de cada cuento un prolongado periodo de análisis y selección para convertir en material literario, las situaciones que ha veces dejan huellas profundad en las experiencias que estructuran la personalidad.
Fong no exalta ni profana, abre las compuertas a al río de la literatura y en un juego constante traspasa los limites de la intuición, para recordarnos que la victima puede ser cualquiera: el frío de la calle vacía escandaliza, pero la crudeza del mundo real obliga a una certeza, nadie puede vivir como ratón hipnotizado con la certeza del infierno.
Sergio Fong es autor de: Un chango llamado Hemingwey[1] volumen de cuentos que en once historias denuncia lo absurdo de es tiempo apocalípticos.
Con ingenio dolor e ironía describe el día a día de migrantes crecidos en diferentes geografías que viven añorando el terruño y aquellas historias que sacralizaron los falsos moralistas, aquellos que hacen del fingimiento un arte.
Eso hace reflexionar en la contingencia de la situación narrada; para Fong todo es narrable, un préstamo para las tragedias de amor en la rotunda sencillez de una contemplación que no tiene ningún significado más allá del significado que uno le de cómo lector. Fong narra es un demiurgo y no me empañare, hipotéticos lectores en la corroboración de mis certezas.

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