Paule Thévenin y la obra misma de Antonin Artaud descansa en una monstruosa paradoja: para que ésta exista, tuvo que desaparecer aquélla, y el sacrificio selló la vida de Paule Thévenin como única razón de su existencia.
[…] Paule Thévenin murió sin elucidar el enigma que se convirtió en su razón de ser: ¿por qué Antonin Artaud la había escogido a ella para ser, a un tiempo, la depositaria y la editora de su obra? El pacto que unió sus vidas de una manera absolutamente inédita fue tácito y secreto, incluso para ellos dos. Antonin Artaud
la bautizó “Ofelia” en el retrato que hiciera de ella poco antes de morir y habría que admitir que hay filiaciones más fieles que las de la sangre, y, pese a las apariencias, fidelidades más inquebrantables que las que ostentan otras Ofelias legítimas. […] “Hace muchos años —asegura Paule Thévenin— un día que le hablaba del don que se me había hecho, Jean Genet me contestó que era un regalo emponzoñado. Calculo que quería decir que a mi alrededor la vida iría apesadumbrándose de soledad. Pero estoy casi segura de que se
equivocaba. El fuego que me entregó Artaud, ni siquiera la muerte podrá apagarlo”
Artaud en su trayectoria se cruzó con “todo lo que cuenta en la vida intelectual y cultural
de la primera mitad del siglo xx: su realismo, expresionismo, teatro, cine, música, poesía, sin
contar la experiencia —fundamental— de la locura”, dice Florence Mèredieu en “Para terminar
con toda biografía”, preámbulo a su biografía Era Antonin Artaud (C´était Antonin Artaud).
Referencias
Bradu, Fabienne (2008). Artaud, todavía. México: Fondo de Cultura Económica
De Mèredieu, Florence (2006). C’était Antonin Artaud. Paris: Librairie Arthème Fayard.
Reyes, Alfonso (1992). “Artaud. No se juega infamemente con los dioses”, en Revista Universidad de México, núm. 497 (junio).
México (pp. 6-7).
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