Teul de Glez Ortega Zacatecas

Teul de Glez Ortega Zacatecas
Plaza principal

jueves, 29 de marzo de 2012

MIGUEL TOPETE (RIP)

Conocí a Miguel Topete en los años setenta en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara. Era parte de un taller de poesía que denominamos “Protoestesis” y en el que participábamos Gloria Velázquez, Ricardo Yáñez, Carlos Próspero, Gilberto Meza y yo, entre otros. Miguel se incorporó cuando el grupo ya estaba integrado y más tarde lo abandonó, al igual que la Facultad, para seguir un impulso interior que lo llevaba a buscar una sociedad más igualitaria, a cualquier precio. Su pertenencia a la guerrilla urbana, a la Liga 23 de Septiembre, fue el pago.
Miguel Topete era inteligente e impetuoso. Fuerte, buen amigo y de trato recio. Escribió, en aquellos ayeres, buenos textos que repartía entre los del taller para que los leyéramos y criticáramos. Luego se fue y la escritura quedó en el fondo de algún desván de la memoria. Su vida se dedicó a luchar por su causa, siempre pendiendo de un hilo.
De aquellos años de violencia e incertidumbre, quedó en él la suerte de sobrevivir, sí, pero también un dolor acendrado en las profundas cicatrices que su cuerpo y su alma sufrieron en la lucha. Fue apresado, torturado, lastimado, pero finalmente sobrevivió. Durante muchos años sus viejos amigos de Guadalajara sólo supimos de él lo que decían los rumores: poca cosa. Años después, me platicó que se quedó trepado por allá, en los cerros de Chihuahua por años, sin saber que la guerrilla ya había terminado.
Miguel había regresado a la ciudad hace ya varios lustros y se había establecido mientras los años desvanecían las sombras del pasado. Parte de su experiencia quedó retratada en su libro Los ojos de la noche, que publicó la editorial La Casa del Mago, de Hermenegildo Olguín. Dicen que la escritura cura ciertos recuerdos dolorosos. Yo estoy seguro de ello.
También publicó La rosa nómada, un libro de poemas que La Casa del Mago estaba a punto de reeditar, ampliado, cuando murió, la noche de este martes, al parecer de un ataque al corazón –un órgano que había funcionado en demasía, debido a tantos sueños, utopías y dolores.
Adiós Miguel, poeta, amigo. Me despido ti con el pecho oprimido y retomando unos versos tuyos: “Pájaro correcaminos/ venadito del breñal/ el viento esta entristecido/ llora como el vendaval”.
jorge_souza_j@hotmail.com     EDICION DE MILENIO DIARIO GDL.,

No hay comentarios: