Insano
(I PARTE)
Real de Catorce, San Luis Potosí.- Soñaron que les sacaban las tripas. Las vísceras. El corazón. Despertaron. El sueño se concretó: una compañía minera extranjera que hoy amenaza con destruir su templo, una amplia extensión desértica de 140 mil hectáreas enclavada en el norte de San Luis Potosí que responde al nombre de Wirikuta.
2010, año de la pesadilla. Los mara'akame, los chamanes, los hombres de conocimiento del pueblo wixarika, en sueños, vivieron la furia de sus dioses. Les destripaban, les descorazonaban, les quitaban el alma, la vida, el aliento. A tales visiones oníricas, los líderes huicholes respondieron. Nombraron una comisión cuya misión era ver qué carajos pasaba en Wirikuta, qué demonios querían decir las imágenes enviadas por sus deidades.
Todo apuntó a Real de Catorce, el histórico poblado que alcanzó su esplendor con la minería entre 1875 y 1925, en pleno Porfiriato. Ahí, en ese lugar donde el viento sopla frío y no quedan más que los esqueletos de casas de piedra, la empresa minera canadiense, First Majestic Silver es el mero espejismo en el desierto: la promesa de reactivar la economía de un municipio que no rebasa los mil 500 habitantes, y llevar de nueva cuenta el desarrollo en un punto del planeta donde abundan, junto al oro y la plata, los bolsillos carentes de monedas y un olvido gubernamental. First Majestic Silver es el monstruo de las visiones de los mara'akame que, en lugar de dos cabezas, tiene 22 concesiones en Wirikuta, el lugar donde, para los wixaritari, se originó la vida.
Wirikuta es para los huicholes lo que la Basílica de Guadalupe es para los católicos nacionales. “Es como si quisieran instalar una gasolinera en Roma. No tiene precio y el gobierno mexicano no le tiene ningún respeto. El corazón de Wirikuta nos está llamando y debemos contrarrestar esa imposición”, declaró Santos de la Cruz Carillo, miembro del
comisariado del pueblo de Banco de San Hipólito, una de las comunidades wixárika de Durango, al reportero Fernando Camacho en la edición de ayer de La Jornada.
“Ellos creen que si destruyen la zona sagrada, les quitan la vida. Para ellos, aquí nació el mundo (...) La primera inquietud llegó hasta acá, a Real de Catorce el año pasado: algunos mara'akame de Santa Catarina Cuexcomatitlán (en Jalisco) soñaron que los dioses querían sacarles las tripas y el corazón. Fue entonces cuando conocimos de la exploración que estaba haciendo First Majestic”, detalla Humberto Fernández, un empresario hotelero de Real de Catorce, miembro del Frente Tamatzima Huahua, un colectivo surgido en 2010 para enfrentar a la empresa minera. Tamatzima Huaha está compuesto por las comunidades huicholas de Santa Catarina Cuexcomatitlán y San Sebastián, en Jalisco, Banco de San Hipólito en Durango, ejidatarios y empresarios de Real de Catorce, organismos académicos y agrupaciones civiles en defensa de los derechos indígenas.
Fernández, un tipo de largos y canosos bigotes, al igual que su cabellera, y quien ha hecho de todo en la vida -ha sido hasta actor hollywoodense: participó en la última saga de Piratas del Caribe, al lado del actor Johnny Depp y el Rolling Stone, Keith Richards- también la ha
tenido que hacer de bucanero, pero desde tierra. Años de convivir con los wixaritari que anualmente acuden a Wirikuta, le han convertido, si no en uno de ellos, en uno de los
mestizos al que más estiman. Una de las ventajas de este pirata, con la que no contaba First Majestic Silver, es su antepasado minero que le ha servido para investigar sobre el proyecto de la canadiense.
“Esta compañía está en un proceso de animación de la gente. Ha traído operadores para explicarles todo lo benéfico que va a ser la mina: que va a haber museos, escuelas y lo demás (...) nosotros estuvimos con el secretario de Semarnat en México y con su asistentes en estos casos. Fue en diciembre del año pasado, en el Castillo de Chapultepec. El secretario (Juan Rafael Elvira Quesada) tenía conocimiento de eso; sus empleados nos aseguraron que no se había dado ningún permiso aún. Ellos mismos (los representantes de la minera), en una reunión que tuvimos en diciembre, dijeron que todavía no tenían los permisos. Ahí les cuestionamos los asuntos técnicos y entre otras cosas, dijeron que iban a reciclar el agua, uno se pregunta ¿Agua cianurada? Es una novedad, dijeron, pero en fin, cuando se les cuestiona técnicamente no tienen respuesta”, dice Fernández.
En 2009, First Majestic Silver adquirió la veintena de concesiones a la anterior propietaria, Normabec, una empresa también de Canadá. Normabec había iniciado exploraciones en la mina Santa Ana, situada en la comunidad de La Luz, a unos cuantos metros del túnel de ingreso a Real de Catorce. Las 22 concesiones que First Majestic compró al gobierno federal en 3 millones de dólares comprenden 6 mil 326 hectáreas; el 70 por ciento de ellas, están adentro de Wirikuta. El lugar sagrado de los huicholes posee, desde enero de 2000, un decreto de Área Natural Protegida. Otros títulos: integrante de la Red Mundial de Lugares Sagrados de la Unesco desde 1998; y aspirante, desde 2004, a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Datos de la Dirección General de Minas de la Secretaría de Economía del gobierno federal indican que First Majestic Silver realiza exploraciones en la zona, en un afán de encontrar oro y plata a través de los casi 20 kilómetros de la vena de San Agustín.
“Si se ha logrado la preservación de esta cultura (wixarika) es gracias a su visión, su inteligencia. Cuando llegó la conquista, ellos no pelearon. Fueron desplazados en la Revolución, fueron aventados a la Sierra. Los gobiernos insisten en abrirles caminos, carreteras. Para el ciudadano común eso es normal, pero suele no entenderlo por que deconoce su visión, su relación con la tierra, para ellos, lo más sagrado es la Madre Tierra y de ahí parte su comunicación”, describe Humberto Fernández.
(I PARTE)
Real de Catorce, San Luis Potosí.- Soñaron que les sacaban las tripas. Las vísceras. El corazón. Despertaron. El sueño se concretó: una compañía minera extranjera que hoy amenaza con destruir su templo, una amplia extensión desértica de 140 mil hectáreas enclavada en el norte de San Luis Potosí que responde al nombre de Wirikuta.
2010, año de la pesadilla. Los mara'akame, los chamanes, los hombres de conocimiento del pueblo wixarika, en sueños, vivieron la furia de sus dioses. Les destripaban, les descorazonaban, les quitaban el alma, la vida, el aliento. A tales visiones oníricas, los líderes huicholes respondieron. Nombraron una comisión cuya misión era ver qué carajos pasaba en Wirikuta, qué demonios querían decir las imágenes enviadas por sus deidades.
Todo apuntó a Real de Catorce, el histórico poblado que alcanzó su esplendor con la minería entre 1875 y 1925, en pleno Porfiriato. Ahí, en ese lugar donde el viento sopla frío y no quedan más que los esqueletos de casas de piedra, la empresa minera canadiense, First Majestic Silver es el mero espejismo en el desierto: la promesa de reactivar la economía de un municipio que no rebasa los mil 500 habitantes, y llevar de nueva cuenta el desarrollo en un punto del planeta donde abundan, junto al oro y la plata, los bolsillos carentes de monedas y un olvido gubernamental. First Majestic Silver es el monstruo de las visiones de los mara'akame que, en lugar de dos cabezas, tiene 22 concesiones en Wirikuta, el lugar donde, para los wixaritari, se originó la vida.
Wirikuta es para los huicholes lo que la Basílica de Guadalupe es para los católicos nacionales. “Es como si quisieran instalar una gasolinera en Roma. No tiene precio y el gobierno mexicano no le tiene ningún respeto. El corazón de Wirikuta nos está llamando y debemos contrarrestar esa imposición”, declaró Santos de la Cruz Carillo, miembro del
comisariado del pueblo de Banco de San Hipólito, una de las comunidades wixárika de Durango, al reportero Fernando Camacho en la edición de ayer de La Jornada.
“Ellos creen que si destruyen la zona sagrada, les quitan la vida. Para ellos, aquí nació el mundo (...) La primera inquietud llegó hasta acá, a Real de Catorce el año pasado: algunos mara'akame de Santa Catarina Cuexcomatitlán (en Jalisco) soñaron que los dioses querían sacarles las tripas y el corazón. Fue entonces cuando conocimos de la exploración que estaba haciendo First Majestic”, detalla Humberto Fernández, un empresario hotelero de Real de Catorce, miembro del Frente Tamatzima Huahua, un colectivo surgido en 2010 para enfrentar a la empresa minera. Tamatzima Huaha está compuesto por las comunidades huicholas de Santa Catarina Cuexcomatitlán y San Sebastián, en Jalisco, Banco de San Hipólito en Durango, ejidatarios y empresarios de Real de Catorce, organismos académicos y agrupaciones civiles en defensa de los derechos indígenas.
Fernández, un tipo de largos y canosos bigotes, al igual que su cabellera, y quien ha hecho de todo en la vida -ha sido hasta actor hollywoodense: participó en la última saga de Piratas del Caribe, al lado del actor Johnny Depp y el Rolling Stone, Keith Richards- también la ha
tenido que hacer de bucanero, pero desde tierra. Años de convivir con los wixaritari que anualmente acuden a Wirikuta, le han convertido, si no en uno de ellos, en uno de los
mestizos al que más estiman. Una de las ventajas de este pirata, con la que no contaba First Majestic Silver, es su antepasado minero que le ha servido para investigar sobre el proyecto de la canadiense.
“Esta compañía está en un proceso de animación de la gente. Ha traído operadores para explicarles todo lo benéfico que va a ser la mina: que va a haber museos, escuelas y lo demás (...) nosotros estuvimos con el secretario de Semarnat en México y con su asistentes en estos casos. Fue en diciembre del año pasado, en el Castillo de Chapultepec. El secretario (Juan Rafael Elvira Quesada) tenía conocimiento de eso; sus empleados nos aseguraron que no se había dado ningún permiso aún. Ellos mismos (los representantes de la minera), en una reunión que tuvimos en diciembre, dijeron que todavía no tenían los permisos. Ahí les cuestionamos los asuntos técnicos y entre otras cosas, dijeron que iban a reciclar el agua, uno se pregunta ¿Agua cianurada? Es una novedad, dijeron, pero en fin, cuando se les cuestiona técnicamente no tienen respuesta”, dice Fernández.
En 2009, First Majestic Silver adquirió la veintena de concesiones a la anterior propietaria, Normabec, una empresa también de Canadá. Normabec había iniciado exploraciones en la mina Santa Ana, situada en la comunidad de La Luz, a unos cuantos metros del túnel de ingreso a Real de Catorce. Las 22 concesiones que First Majestic compró al gobierno federal en 3 millones de dólares comprenden 6 mil 326 hectáreas; el 70 por ciento de ellas, están adentro de Wirikuta. El lugar sagrado de los huicholes posee, desde enero de 2000, un decreto de Área Natural Protegida. Otros títulos: integrante de la Red Mundial de Lugares Sagrados de la Unesco desde 1998; y aspirante, desde 2004, a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Datos de la Dirección General de Minas de la Secretaría de Economía del gobierno federal indican que First Majestic Silver realiza exploraciones en la zona, en un afán de encontrar oro y plata a través de los casi 20 kilómetros de la vena de San Agustín.
“Si se ha logrado la preservación de esta cultura (wixarika) es gracias a su visión, su inteligencia. Cuando llegó la conquista, ellos no pelearon. Fueron desplazados en la Revolución, fueron aventados a la Sierra. Los gobiernos insisten en abrirles caminos, carreteras. Para el ciudadano común eso es normal, pero suele no entenderlo por que deconoce su visión, su relación con la tierra, para ellos, lo más sagrado es la Madre Tierra y de ahí parte su comunicación”, describe Humberto Fernández.
La vida no surgió en el Paraíso sino en el Cerro del Quemado
En la sierra de Catorce nació la vida. Ahí fue concebida y parida, entre el Cerro Grande y el Cerro del Quemado. A más de tres mil metros de altura, la vida dio a luz al mundo. Lo iluminó. Y dejó ver la extensión de 140 mil hectáreas de Wirikuta.
Eso fue en el pasado, en el inicio de los tiempos, según los wixaritari. Según su historia, partieron de San Blas, en Nayarit. Se fueron buscando la luz en épocas donde todo era penumbra. Caminaron, caminaron y caminaron. Casi 550 kilómetros hasta llegar a Wirikuta, siguiendo a Kayau Mari, un personaje mítico, mitad hombre, mitad venado, cuyo espíritu vive en el híkuri (peyote). Subieron por un manantial de nombre Masau Hata y volvieron a caminar hasta que encontraron la primera señal, la del abuelo fuego, en el Cerro Grande y el Cerro del Quemado.
Cada año, de los cinco puntos principales: San Blas, en Nayarit; Cerro Gordo, en Durango; Santa Catarina y Chapal, en Jalisco; y Wirikuta, en San Luis Potosí, los huicholes recrean el peregrinaje milenario. A pie.
Para el común de los mortales, no queda más que el caballo. 60 minutos de trayectoria desde Real de Catorce hacia el Cerro del Quemado. El animal deja atrás los restos de una
ciudad pétrea. Se adentra en paisajes terregosos, maleza, matorrales. El sol da a todo lo que da. El viento hace lo mismo. En tiempos de frío las serpientes, los alacranes prefieren quedarse dormidos. En calor, es común que piquen o muerdan a los paseantes.
El suelo se alza. Crea relieves. La primera parada es el manantial de la mina de San Agustín. De ahí se abastecen de agua los pobladores de la región, dice José, el guía de caballos. Antes, el agua venía desde las alturas. De ojos de agua provenientes de los cerros. La actividad minera les secó. Las minas desviaron los cauces. Ahora el líquido sale de lo
que quedó de ellas. De esos túneles donde salían toneladas de oro y plata, hoy, a duras penas sale agua.
Los vestigios de la mina de San Agustín se despiden con una especia de puerta de piedra con acabados árabes; la invasión de los moros a los españoles fue reproducida culturalmente por los últimos en sus conquistas. Real de Catorce no escapó a ello.
Una brecha estrecha, un barranco. Un caballo experto. Casas, ruinas, piedras, tierra. Cielo y nubes. La entrada al Cerro del Quemado. Han pasado 40 minutos. El cuadrúpedo se detiene. No quiere seguir más. A pie ahora. 20 pesos hay que desembolsar para poder subir. 20 minutos hay que caminar con rumbo al cielo. El corazón late más rapido. El sudor cae por el rostro. El aire refresca. Y unas piedras, en las alturas, dan la bienvenida. En forma de círculo,
el templo del Cerro Quemado. Hasta ahí, cada año, los wixaritari llegan con peyote en mano. Lo consumen. Hablan con los dioses: la madre Tierra, el abuelo fuego, el padre sol. Piden orientación. Uno imagina lo que sería estar de noche ahí. Entre el fuego, confesiones, rituales, cánticos. Purificación espiritual.
Antonio es un wixaritari que custodia el recinto sagrado. Tiene un hijo de 10 años: Antonino. Morenos, delgados, de facciones hechas casi a mano. Hablan poco. Desconfían al inicio. Y cómo no. Les han prometido esto, aquello. Les han vendido espejitos por piedras preciosas a lo largo de los siglos.
Antonio señala un punto. Al sur. Ahí, dice, donde hay dos montañas que asemejan dos camiones que se impactan de frente, ahí es la entrada a Wirikuta. Yoliatl, le llaman a ese lugar, lejano desde el Cerro del Quemado. Oficialmente es el municipio de Villa de Ramos, según el mapa de San Luis Potosí. Cuando Antonio da detalles de su vida, el tiempo, el viento y el ruido hacen una pausa. Y relata: del Cerro Grande salió el sol. Se postró en el Cerro del Quemado. Plasmó su rostro. Una pila de piedras que asemejan una cara lo comprueba.
Antonino solo sonríe. Es un niño. Ha caminado días, al igual que su padre, para llegar al Cerro del Quemado. Pregunta si tengo hijos. Que como se llaman. Me ofrece un chicle. Sonríe y sonríe. Recibe los 15 pesos por la venta de una pulsera de chaquira. Dice que le gusta estar ahí, casi rozando las nubes.
Antonio toca el violín. La melodía llega hasta el tuétano. Al voltear, a tres mil metros de altura, se entiende por qué para ellos ahí se originó la vida: el paisaje es majestuoso y conmovedor a la vez. Reconforta, obliga a la reflexión. El día que Wirikuta deje de existir será el apocalipsis para el pueblo huichol.
El aire silba, y se lleva consigo, como un eco, los sonidos de la melodía que reproduce Antonio en su instrumento de madera. “Donde sale el sol”, dice que se llama la canción mientras Antonino le escucha con todos los sentidos.
En la sierra de Catorce nació la vida. Ahí fue concebida y parida, entre el Cerro Grande y el Cerro del Quemado. A más de tres mil metros de altura, la vida dio a luz al mundo. Lo iluminó. Y dejó ver la extensión de 140 mil hectáreas de Wirikuta.
Eso fue en el pasado, en el inicio de los tiempos, según los wixaritari. Según su historia, partieron de San Blas, en Nayarit. Se fueron buscando la luz en épocas donde todo era penumbra. Caminaron, caminaron y caminaron. Casi 550 kilómetros hasta llegar a Wirikuta, siguiendo a Kayau Mari, un personaje mítico, mitad hombre, mitad venado, cuyo espíritu vive en el híkuri (peyote). Subieron por un manantial de nombre Masau Hata y volvieron a caminar hasta que encontraron la primera señal, la del abuelo fuego, en el Cerro Grande y el Cerro del Quemado.
Cada año, de los cinco puntos principales: San Blas, en Nayarit; Cerro Gordo, en Durango; Santa Catarina y Chapal, en Jalisco; y Wirikuta, en San Luis Potosí, los huicholes recrean el peregrinaje milenario. A pie.
Para el común de los mortales, no queda más que el caballo. 60 minutos de trayectoria desde Real de Catorce hacia el Cerro del Quemado. El animal deja atrás los restos de una
ciudad pétrea. Se adentra en paisajes terregosos, maleza, matorrales. El sol da a todo lo que da. El viento hace lo mismo. En tiempos de frío las serpientes, los alacranes prefieren quedarse dormidos. En calor, es común que piquen o muerdan a los paseantes.
El suelo se alza. Crea relieves. La primera parada es el manantial de la mina de San Agustín. De ahí se abastecen de agua los pobladores de la región, dice José, el guía de caballos. Antes, el agua venía desde las alturas. De ojos de agua provenientes de los cerros. La actividad minera les secó. Las minas desviaron los cauces. Ahora el líquido sale de lo
que quedó de ellas. De esos túneles donde salían toneladas de oro y plata, hoy, a duras penas sale agua.
Los vestigios de la mina de San Agustín se despiden con una especia de puerta de piedra con acabados árabes; la invasión de los moros a los españoles fue reproducida culturalmente por los últimos en sus conquistas. Real de Catorce no escapó a ello.
Una brecha estrecha, un barranco. Un caballo experto. Casas, ruinas, piedras, tierra. Cielo y nubes. La entrada al Cerro del Quemado. Han pasado 40 minutos. El cuadrúpedo se detiene. No quiere seguir más. A pie ahora. 20 pesos hay que desembolsar para poder subir. 20 minutos hay que caminar con rumbo al cielo. El corazón late más rapido. El sudor cae por el rostro. El aire refresca. Y unas piedras, en las alturas, dan la bienvenida. En forma de círculo,
el templo del Cerro Quemado. Hasta ahí, cada año, los wixaritari llegan con peyote en mano. Lo consumen. Hablan con los dioses: la madre Tierra, el abuelo fuego, el padre sol. Piden orientación. Uno imagina lo que sería estar de noche ahí. Entre el fuego, confesiones, rituales, cánticos. Purificación espiritual.
Antonio es un wixaritari que custodia el recinto sagrado. Tiene un hijo de 10 años: Antonino. Morenos, delgados, de facciones hechas casi a mano. Hablan poco. Desconfían al inicio. Y cómo no. Les han prometido esto, aquello. Les han vendido espejitos por piedras preciosas a lo largo de los siglos.
Antonio señala un punto. Al sur. Ahí, dice, donde hay dos montañas que asemejan dos camiones que se impactan de frente, ahí es la entrada a Wirikuta. Yoliatl, le llaman a ese lugar, lejano desde el Cerro del Quemado. Oficialmente es el municipio de Villa de Ramos, según el mapa de San Luis Potosí. Cuando Antonio da detalles de su vida, el tiempo, el viento y el ruido hacen una pausa. Y relata: del Cerro Grande salió el sol. Se postró en el Cerro del Quemado. Plasmó su rostro. Una pila de piedras que asemejan una cara lo comprueba.
Antonino solo sonríe. Es un niño. Ha caminado días, al igual que su padre, para llegar al Cerro del Quemado. Pregunta si tengo hijos. Que como se llaman. Me ofrece un chicle. Sonríe y sonríe. Recibe los 15 pesos por la venta de una pulsera de chaquira. Dice que le gusta estar ahí, casi rozando las nubes.
Antonio toca el violín. La melodía llega hasta el tuétano. Al voltear, a tres mil metros de altura, se entiende por qué para ellos ahí se originó la vida: el paisaje es majestuoso y conmovedor a la vez. Reconforta, obliga a la reflexión. El día que Wirikuta deje de existir será el apocalipsis para el pueblo huichol.
El aire silba, y se lleva consigo, como un eco, los sonidos de la melodía que reproduce Antonio en su instrumento de madera. “Donde sale el sol”, dice que se llama la canción mientras Antonino le escucha con todos los sentidos.
La oscuridad de los metales
First Majestic Silver ha insistido que su proyecto denominado Real de Catorce reluce como el oro y la plata. Pero la información brilla por su ausencia.
La misma Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (Segam) del gobierno de San Luis Potosí ha solicitado información a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) sobre la situación legal de la canadiense en Real de Catorce.
“La Semarnat nos ha respondido que la información es clasificada”, asegura Manuel Barrera Gullén, titular de la Segam, en entrevista con La Jornada Jalisco. Y garantiza con un discurso meramente político que el gobierno potosino vigilará que los derechos de los wixaritari no se vean afectados.
En la entrada de la mina Santa Ana, pende un cartel en el que First Majestic asegura que “la mayor parte de las actividades de exploración se llevará a cabo en áreas subterráneas y probablemente no serán vistas, sin embargo, algunos trabajos pueden llevarse a cabo desde la superficie. De cualquier modo, toda la actividad de exploración requiere permisos de
trabajo y todo trabajo seguirá las normas jurídicas y las direcciones ambientales”.
Más: “en este momento, First Majestic está evaluando el posible renacimiento de la actividad minera del proyecto de Real de Catorce. Los métodos de minería subterránea que se han usado en el pasado siguen siendo la única forma económica de minar en esta mina (...) First Majestic está convencido de que su inversión y participación en la actividad económica de Real de Catorce contribuirá a las creación de empleos y al desarrollo de la comunidad, evitando que la gente se vaya a trabajar al extranjero u a otros estados de la República”.
El 13 de diciembre pasado, integrantes del Frente Tamatzima Huahua sostuvieron un encuentro con representantes de la minera canadiense. En esa ocasión, la empresa mostró los planes que tiene para Santa Ana -que fue cerrada hace casi dos décadas- a partir de 2011. El proyecto incluye trabajos subterráneos a 300 metros de profundidad teniendo como
punto de partida la presa de Jales, situada en el ejido Potrero a unos 10 minutos de Real de Catorce. Los planos, a los cuales tuvo acceso La Jornada Jalisco, detallan que desde Potrero
se construirá un túnel de 2 mil 300 metros de largo que atravesará la veta madre -en la que se presume existen cantidades de plata que las anteriores compañías no alcanzaron a explotar-, la vena de San Ramón hasta desembocar en la vena de San Agustín.
El 10 de enero pasado, First Majestic aseguró al diario Reforma que tal infraestructura subterránea estará a más de 2 kilómetros del Cerro del Quemado, uno de los puntos sagrados en Wirikuta.
Tunuary Chávez, miembro de la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (Ajagi) –agrupación que ha sido vocero oficial del Frente Tamatzima Huahua–, asegura que la labor minera de la canadiense no terminará a la distancia prometida. Estudios realizados con sistemas geográficos por Ajagi, revelan que el túnel de First Majestic tendrá su salida a unos 992 metros de distancia del Cerro Grande, otro de los puntos clave en Wirikuta.
“Hay una serie de inconsistencias. Nos hemos dado cuentas que en algunas partes van a ir a 300 metros de profundidad y en otras a 700 metros, dependiendo del relieve (de la Sierra de Catorce) No hablan con claridad por que no hay un plan de explotación subterránea de cómo van a desviar los fliujos hidrológicos subterráneos. El agua que toma la gente ha sido desviada por las mineras. Los proyectos de explotación subterránea han causado contaminación y han causado el desvío de los flujos; el agua ya no sale de manantiales sino de las minas”, dice Chávez.
El daño, según consta en el Pronunciamiento en Defensa de Wirikuta firmado por el pueblo wixarika de los estados de Jalisco, Nayarit y Durango el 23 de septiembre de 2010, será irreversible para 16 centros de población ubicados dentro de la superficie concesionada, pertenecientes a seis ejidos de la zona, así como a otras localidades del bajío, lo cual se traduce en el perjuicio de 3 mil 500 personas.
“Aclaramos que haremos uso de todos los recursos necesarios para detener este devastador proyecto minero, valiéndonos de recursos jurídicos nacionales e internacionales que están a nuestro favor así como acciones de resistencia civil y pacífica que sean necesarias”, advirtieron las comunidades wixarika en el documento.
First Majestic Silver ha insistido que su proyecto denominado Real de Catorce reluce como el oro y la plata. Pero la información brilla por su ausencia.
La misma Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (Segam) del gobierno de San Luis Potosí ha solicitado información a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) sobre la situación legal de la canadiense en Real de Catorce.
“La Semarnat nos ha respondido que la información es clasificada”, asegura Manuel Barrera Gullén, titular de la Segam, en entrevista con La Jornada Jalisco. Y garantiza con un discurso meramente político que el gobierno potosino vigilará que los derechos de los wixaritari no se vean afectados.
En la entrada de la mina Santa Ana, pende un cartel en el que First Majestic asegura que “la mayor parte de las actividades de exploración se llevará a cabo en áreas subterráneas y probablemente no serán vistas, sin embargo, algunos trabajos pueden llevarse a cabo desde la superficie. De cualquier modo, toda la actividad de exploración requiere permisos de
trabajo y todo trabajo seguirá las normas jurídicas y las direcciones ambientales”.
Más: “en este momento, First Majestic está evaluando el posible renacimiento de la actividad minera del proyecto de Real de Catorce. Los métodos de minería subterránea que se han usado en el pasado siguen siendo la única forma económica de minar en esta mina (...) First Majestic está convencido de que su inversión y participación en la actividad económica de Real de Catorce contribuirá a las creación de empleos y al desarrollo de la comunidad, evitando que la gente se vaya a trabajar al extranjero u a otros estados de la República”.
El 13 de diciembre pasado, integrantes del Frente Tamatzima Huahua sostuvieron un encuentro con representantes de la minera canadiense. En esa ocasión, la empresa mostró los planes que tiene para Santa Ana -que fue cerrada hace casi dos décadas- a partir de 2011. El proyecto incluye trabajos subterráneos a 300 metros de profundidad teniendo como
punto de partida la presa de Jales, situada en el ejido Potrero a unos 10 minutos de Real de Catorce. Los planos, a los cuales tuvo acceso La Jornada Jalisco, detallan que desde Potrero
se construirá un túnel de 2 mil 300 metros de largo que atravesará la veta madre -en la que se presume existen cantidades de plata que las anteriores compañías no alcanzaron a explotar-, la vena de San Ramón hasta desembocar en la vena de San Agustín.
El 10 de enero pasado, First Majestic aseguró al diario Reforma que tal infraestructura subterránea estará a más de 2 kilómetros del Cerro del Quemado, uno de los puntos sagrados en Wirikuta.
Tunuary Chávez, miembro de la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (Ajagi) –agrupación que ha sido vocero oficial del Frente Tamatzima Huahua–, asegura que la labor minera de la canadiense no terminará a la distancia prometida. Estudios realizados con sistemas geográficos por Ajagi, revelan que el túnel de First Majestic tendrá su salida a unos 992 metros de distancia del Cerro Grande, otro de los puntos clave en Wirikuta.
“Hay una serie de inconsistencias. Nos hemos dado cuentas que en algunas partes van a ir a 300 metros de profundidad y en otras a 700 metros, dependiendo del relieve (de la Sierra de Catorce) No hablan con claridad por que no hay un plan de explotación subterránea de cómo van a desviar los fliujos hidrológicos subterráneos. El agua que toma la gente ha sido desviada por las mineras. Los proyectos de explotación subterránea han causado contaminación y han causado el desvío de los flujos; el agua ya no sale de manantiales sino de las minas”, dice Chávez.
El daño, según consta en el Pronunciamiento en Defensa de Wirikuta firmado por el pueblo wixarika de los estados de Jalisco, Nayarit y Durango el 23 de septiembre de 2010, será irreversible para 16 centros de población ubicados dentro de la superficie concesionada, pertenecientes a seis ejidos de la zona, así como a otras localidades del bajío, lo cual se traduce en el perjuicio de 3 mil 500 personas.
“Aclaramos que haremos uso de todos los recursos necesarios para detener este devastador proyecto minero, valiéndonos de recursos jurídicos nacionales e internacionales que están a nuestro favor así como acciones de resistencia civil y pacífica que sean necesarias”, advirtieron las comunidades wixarika en el documento.
La miseria en Wirikuta, aliada de la minera canadiense First Majestic Silver
(II PARTE)
No todo es oro lo que brilla en La Luz. El único halo de iluminación de este pequeño poblado de 40 familias, preámbulo a la pétrea Real de Catorce, en San Luis Potosí, es un vestigio de Hollywood: “set cinematográfico de Las Bandidas”, se lee sobre una barda a punto del derrumbe.
La española Penélope Cruz y la mexicana Salma Hayek le dieron en 2007 a La Luz, la posibilidad de renacer. Y La Luz salió en la pantalla grande. Y fue parte de la alfombra roja debido a la cinta que las actrices protagonizaron en 2007 en ese punto de México. Y entre balazos, acción y la afluencia que en su momento alcanzó La Luz, también se apagó.
Hoy, en La Luz, no quedan más que fierros viejos. No quedan más que ancianos que alcanzan a vender 30 pesos de elotes quemados untados con mayonesa, sal, chile y limón a los turistas que van a Real de Catorce. No hay sino solo mujeres con cabelleras blancas que gritan a todo pulmón: “¡dulces, chicles!”, en aras de sacar algo de plata. No abundan más que famélicos perros que husmean por aquí, por acá en busca de un hueso que aplaque la tripa.
Fierros viejos, oxidados, huellas de un pasado enriquecedor. Plata, oro. Todo brillaba en La Luz cuando la mina de Santa Ana prometía un imperio de abundancia. Días del recuerdo, fósiles de lo que alguna vez fue esta ciudad, que se pierde entre el silencio, el terregal y el sonido del cencerro de una chiva que camina sin saber a dónde ir. Es que en La Luz, no hay nada. Lo que existe, mero espejismo: el intento de la empresa canadiense First Majestic Silver por reabrir Santa Ana -cerrada hace casi dos décadas-, y explotar el oro y la plata subyacente en la veta madre que atraviesa 20 kilómetros de la sierra de Catorce hasta la vena de San Agustín, a menos de mil metros del Cerro Grande, uno de los puntos principales de Wirikuta, la extensión desértica de 140 mil hectáreas donde, para el pueblo wixarika se hizo la vida.
Acá en La Luz no hay Brads Pritt, ni Julias Roberts, ni Penélopes Cruz, ni Salmas Hayek. Hay, si acaso, Juanes, Vidales, Ramiros. No hay contratos de millones de dólares, ni papeles protagónicos. Los únicos que existen, o que han sido ofertados por la First Majestic Silver, oscilan entre los 900 pesos y los 3 mil semanales para limpiar los terrenos de Santa Ana o bien, para explorar hasta 300 metros de profundidad en busca de los metales que sí resplandecen.
El contratista responsable de integrar un set de mineros para First Majestic Silver se llama Ramiro Moreno. Es “El Ramirín”, originario de Potrero, un ejido cercano. Así le conocen. Su padre también se llama Ramiro. Y también hacía lo mismo: reclutaba gente para el trabajo en
Santa Ana.
“Apoyos sustentables”, dice el Ramirín al tiempo que mueve la cabeza de arriba hacia abajo. Es lo que han pedido a la canadiense que, según él, ha tabulado 3 mil pesos semanales a quienes piquen piedra en busca de la riqueza subterránea de La Luz. Los mentados “apoyos sustentables”, describe el comandante en jefe de los próximos mineros son: guarderías, hospitales, escuelas.
“Beneficios sociales”, a los 750 empleos prometidos por First Majestic, añade Ramirín. Todo eso, dice, este mismo año. Pero la única benevolencia social que hasta el momento ha concedido la minera es emplear a 15 hombres que limpian y dejan impecable la entrada a Santa Ana. Quitan, ponen. Maleza, escombros fuera. Un trabajo que va desde las 8 de la mañana hasta que la luz del día baje su intensidad. Una labor que, para First Majestic -una compañía que cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York y cuya producción de plata en 2010 alcanzó los 6.5 millones de onzas del metal- significa... 900 pesos semanales.
“Las actividades de First Majestic en la zona se iniciarán con la construcción del Museo de Minería en las instalaciones que ocupa la vieja Hacienda de Santa Ana (La Luz). Este nuevo museo será una parada de interés para turistas que visiten el área y dará empleo a gente de la localidad. En este momento se está evaluando el proyecto y la inversión requerida. Una vez finalizada la evaluación, First Majestic procederá a obtener todas las autorizaciones y permisos necesarios. El propósito del Museo de Minería será mostrar la imagen integral de la actividad minera en el pasado, presente y futuro”, reza en una lona impresa que pende de la entrada a Santa Ana.
El proyecto completo abarca la construcción de un túnel desde la Presa de Jales, a menos de mil metros de la entrada a Santa Ana, que atravesará la veta madre hasta salir a unos 992 metros del Cerro Grande, uno de los sitios sagrados, junto con el Cerro del Quemado, más importantes de Wirikuta. En 2009, First Majestic Silver compró al gobierno federal, a un precio de 3 millones de dólares, 22 concesiones que comprenden 6 mil 326 hectáreas y, de las cuales, un 70 por ciento de ellas se ubican dentro de Wirikuta, lugar que, entre sus títulos cuenta con un decreto de Área Natural Protegida desde 2000.
En Wirikuta, para los huicholes se originó la vida. Desde tiempos remotos, los wixaritari emprendieron una peregrinación en busca de la luz. Caminaron casi 550 kilómetros desde San Blas, en Nayarit, hasta la sierra de Catorce, siguiendo a un personaje mítico cuyo espíritu vive en el híkuri (peyote). Llegaron a Wirikuta. En el Cerro Grande, según la historia de ellos, salió el sol y, en el Cerro Quemado, se postró. Dejó ahí su rostro que se aprecia en un conjunto de piedras que definen ojos, nariz y boca. Ahí, entre el cielo, el sol, el desierto, el viento, el vuelo del águila real -especie endémica- nació la vida para ellos. De ahí su importancia, su lucha contra la invasión de la empresa minera.
Pero en La Luz, la batalla a librar es otra. La pelea por un peso es lo que importa. La lucha por un bocado es cada día. Unos 150 pobladores de La Luz, hasta enero pasado, habían solicitado empleo a First Majestic Silver. "De lo que sea", según Vidal Puente, juez del poblado.
“Pos sí, pero acá la gente no tiene trabajo”, responde el hombre cuando se le recuerda lo que implica el proyecto minero a los huicholes. Y le importa un comino, igual que al Ramirín, las afectaciones a la salud por tal actividad.
“Nosotros ahí, jugábamos fútbol de niño”, se ufana al referirse a la Presa de Jales, conformada por los desperdicios de la anterior minera. En esos escombros, según los cálculos del habitante de Potrero, existen por lo menos dos kilos de plata por tonelada que nadie ha sacado.
El cianuro es lo de menos cuando la panza exige. El contaminante tampoco significa nada para algunas de las 200 familias de Potrero que han visto como otras mil han tenido que emigrar y el sitio se ha vuelto casi fantasma.
Son las 12:00 del día y Víctor Puente, padre de Vidal, ex minero, recuerda los 13 años que tuvo de bonanza cuando laboró en Santa Ana. El cierre de la mina solo le dejó las bolsas del pantalón vacías.
Cuando el sol calienta a todo, el viejo apenas tiene 30 pesos con cincuenta centavos en el bolsillo por la venta de elotes. Elotes que, si no se venden, ya ni comer se pueden, dice. Ya no le calman el hambre, el apetito, la desesperanza, la pobreza, la soledad, la incertidumbre que alumbran a toda La Luz.
(II PARTE)
No todo es oro lo que brilla en La Luz. El único halo de iluminación de este pequeño poblado de 40 familias, preámbulo a la pétrea Real de Catorce, en San Luis Potosí, es un vestigio de Hollywood: “set cinematográfico de Las Bandidas”, se lee sobre una barda a punto del derrumbe.
La española Penélope Cruz y la mexicana Salma Hayek le dieron en 2007 a La Luz, la posibilidad de renacer. Y La Luz salió en la pantalla grande. Y fue parte de la alfombra roja debido a la cinta que las actrices protagonizaron en 2007 en ese punto de México. Y entre balazos, acción y la afluencia que en su momento alcanzó La Luz, también se apagó.
Hoy, en La Luz, no quedan más que fierros viejos. No quedan más que ancianos que alcanzan a vender 30 pesos de elotes quemados untados con mayonesa, sal, chile y limón a los turistas que van a Real de Catorce. No hay sino solo mujeres con cabelleras blancas que gritan a todo pulmón: “¡dulces, chicles!”, en aras de sacar algo de plata. No abundan más que famélicos perros que husmean por aquí, por acá en busca de un hueso que aplaque la tripa.
Fierros viejos, oxidados, huellas de un pasado enriquecedor. Plata, oro. Todo brillaba en La Luz cuando la mina de Santa Ana prometía un imperio de abundancia. Días del recuerdo, fósiles de lo que alguna vez fue esta ciudad, que se pierde entre el silencio, el terregal y el sonido del cencerro de una chiva que camina sin saber a dónde ir. Es que en La Luz, no hay nada. Lo que existe, mero espejismo: el intento de la empresa canadiense First Majestic Silver por reabrir Santa Ana -cerrada hace casi dos décadas-, y explotar el oro y la plata subyacente en la veta madre que atraviesa 20 kilómetros de la sierra de Catorce hasta la vena de San Agustín, a menos de mil metros del Cerro Grande, uno de los puntos principales de Wirikuta, la extensión desértica de 140 mil hectáreas donde, para el pueblo wixarika se hizo la vida.
Acá en La Luz no hay Brads Pritt, ni Julias Roberts, ni Penélopes Cruz, ni Salmas Hayek. Hay, si acaso, Juanes, Vidales, Ramiros. No hay contratos de millones de dólares, ni papeles protagónicos. Los únicos que existen, o que han sido ofertados por la First Majestic Silver, oscilan entre los 900 pesos y los 3 mil semanales para limpiar los terrenos de Santa Ana o bien, para explorar hasta 300 metros de profundidad en busca de los metales que sí resplandecen.
El contratista responsable de integrar un set de mineros para First Majestic Silver se llama Ramiro Moreno. Es “El Ramirín”, originario de Potrero, un ejido cercano. Así le conocen. Su padre también se llama Ramiro. Y también hacía lo mismo: reclutaba gente para el trabajo en
Santa Ana.
“Apoyos sustentables”, dice el Ramirín al tiempo que mueve la cabeza de arriba hacia abajo. Es lo que han pedido a la canadiense que, según él, ha tabulado 3 mil pesos semanales a quienes piquen piedra en busca de la riqueza subterránea de La Luz. Los mentados “apoyos sustentables”, describe el comandante en jefe de los próximos mineros son: guarderías, hospitales, escuelas.
“Beneficios sociales”, a los 750 empleos prometidos por First Majestic, añade Ramirín. Todo eso, dice, este mismo año. Pero la única benevolencia social que hasta el momento ha concedido la minera es emplear a 15 hombres que limpian y dejan impecable la entrada a Santa Ana. Quitan, ponen. Maleza, escombros fuera. Un trabajo que va desde las 8 de la mañana hasta que la luz del día baje su intensidad. Una labor que, para First Majestic -una compañía que cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York y cuya producción de plata en 2010 alcanzó los 6.5 millones de onzas del metal- significa... 900 pesos semanales.
“Las actividades de First Majestic en la zona se iniciarán con la construcción del Museo de Minería en las instalaciones que ocupa la vieja Hacienda de Santa Ana (La Luz). Este nuevo museo será una parada de interés para turistas que visiten el área y dará empleo a gente de la localidad. En este momento se está evaluando el proyecto y la inversión requerida. Una vez finalizada la evaluación, First Majestic procederá a obtener todas las autorizaciones y permisos necesarios. El propósito del Museo de Minería será mostrar la imagen integral de la actividad minera en el pasado, presente y futuro”, reza en una lona impresa que pende de la entrada a Santa Ana.
El proyecto completo abarca la construcción de un túnel desde la Presa de Jales, a menos de mil metros de la entrada a Santa Ana, que atravesará la veta madre hasta salir a unos 992 metros del Cerro Grande, uno de los sitios sagrados, junto con el Cerro del Quemado, más importantes de Wirikuta. En 2009, First Majestic Silver compró al gobierno federal, a un precio de 3 millones de dólares, 22 concesiones que comprenden 6 mil 326 hectáreas y, de las cuales, un 70 por ciento de ellas se ubican dentro de Wirikuta, lugar que, entre sus títulos cuenta con un decreto de Área Natural Protegida desde 2000.
En Wirikuta, para los huicholes se originó la vida. Desde tiempos remotos, los wixaritari emprendieron una peregrinación en busca de la luz. Caminaron casi 550 kilómetros desde San Blas, en Nayarit, hasta la sierra de Catorce, siguiendo a un personaje mítico cuyo espíritu vive en el híkuri (peyote). Llegaron a Wirikuta. En el Cerro Grande, según la historia de ellos, salió el sol y, en el Cerro Quemado, se postró. Dejó ahí su rostro que se aprecia en un conjunto de piedras que definen ojos, nariz y boca. Ahí, entre el cielo, el sol, el desierto, el viento, el vuelo del águila real -especie endémica- nació la vida para ellos. De ahí su importancia, su lucha contra la invasión de la empresa minera.
Pero en La Luz, la batalla a librar es otra. La pelea por un peso es lo que importa. La lucha por un bocado es cada día. Unos 150 pobladores de La Luz, hasta enero pasado, habían solicitado empleo a First Majestic Silver. "De lo que sea", según Vidal Puente, juez del poblado.
“Pos sí, pero acá la gente no tiene trabajo”, responde el hombre cuando se le recuerda lo que implica el proyecto minero a los huicholes. Y le importa un comino, igual que al Ramirín, las afectaciones a la salud por tal actividad.
“Nosotros ahí, jugábamos fútbol de niño”, se ufana al referirse a la Presa de Jales, conformada por los desperdicios de la anterior minera. En esos escombros, según los cálculos del habitante de Potrero, existen por lo menos dos kilos de plata por tonelada que nadie ha sacado.
El cianuro es lo de menos cuando la panza exige. El contaminante tampoco significa nada para algunas de las 200 familias de Potrero que han visto como otras mil han tenido que emigrar y el sitio se ha vuelto casi fantasma.
Son las 12:00 del día y Víctor Puente, padre de Vidal, ex minero, recuerda los 13 años que tuvo de bonanza cuando laboró en Santa Ana. El cierre de la mina solo le dejó las bolsas del pantalón vacías.
Cuando el sol calienta a todo, el viejo apenas tiene 30 pesos con cincuenta centavos en el bolsillo por la venta de elotes. Elotes que, si no se venden, ya ni comer se pueden, dice. Ya no le calman el hambre, el apetito, la desesperanza, la pobreza, la soledad, la incertidumbre que alumbran a toda La Luz.
Vienen, se llenan los bolsillos y se van
“Si un minero, hoy, le pega a una veta de oro, él obtiene su mismo salario. No es lo mismo con el empresario. El minero no participa en la riqueza, todo se centraliza y nunca ve nada de las ganancias. Todo se va a México, a la Bolsa de Valores y el minero, nada. Acá está la muestra: una compañía que trabajó durante 20 años y, ¿qué dejó? Nada. Pura contaminación y, desgraciadamente pobreza”, dice Humberto Fernández, un empresario hotelero de Real de Catorce, perteneciente al Frente Tamatzima Huaha, surgido en 2010 para hacer frente a la empresa minera. La agrupación alberga a representantes de las comunidades huicholas de Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Sebastián, Tuxpan de Bolaños, en Jalisco, Banco de San Hipólito, en Durango, ejidatarios y más de una decena de organismos civiles que abarcan la iniciativa privada, la academia y defensores de los derechos de los indígenas.
First Majestic Silver tiene en operación tres minas en México: La Parrilla, en Durango; San Martín, en Jalisco; y La Encantada, en Coahuila. Su apuesta en 2011 es Del Toro, en Zacatecas y el proyecto Real de Catorce, en San Luis Potosí.
“Lo que falta son alternativas para la gente. En Real de Catorce, por ejemplo, el 95 por ciento de la gente vive hoy del turismo. Un 80 por ciento del turismo que hay es religioso; en las fiestas de San Francisco, hasta 20 mil personas llegan en un día. Es un desmadre (...) Pero la mina, ya lo hemos visto, las minas trabajan 10, 15 años, cierran, se llevan la riqueza, se van y dejan toda su contaminación”, describe.
En diciembre de 2010, a petición de la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (Ajagi), la Universidad de Guadalajara llevó a cabo estudios en 70 muestras líquidas, sólidas, de tejido vegetal, suelo, cabello, piel, entre otras, recabadas en Wirikuta.
Los resultados revelaron una alta concentración de metales como el plomo y químicos, como el arsénico, en la mayoría de las muestras, incluida la de peyote. De tres peyotes recolectados por miembros de Ajagi, cerca de la comunidad de San José, dos de ellos
presentaron concentraciones de Plomo, Arsénico y Bario. El otro presentó Plomo, de acuerdo con el análisis hecho por el Laboratorio de Salud Ambiental de la UdeG.
“Recolectamos muestras de águila real y de otras dos especies de aves también protegidas en la zona. Nos llevamos plumas y, en el estudio, salieron con plomo y arsénico (...) Hay una contingencia ambiental generalizada por metales pesados debido a la actividad minera que solo ha dejado la riqueza de empresarios y la pobreza, desecación y contaminación en la gente. En La Luz, toda la gente quiere la mina, pero más que eso, quiere trabajo. El altiplano potosino es una zona olvidada por el Estado. Los habitantes quieren trabajo a pesar de la contaminación, las condiciones de esclavitud y los riesgos a la salud”, dice Tunuary Chávez, miembro de Ajagi.
Petra Puente, primera ex alcaldesa de Real de Catorce por Acción Nacional, relata: “hay bastantes problemas de salud en la zona; hay casos de insuficiencia renal por que la gente toma agua que tienen contaminantes. Está por ejemplo la comunidad de San José; en esa zona las personas tienen problemas de salud por el agua, por que tiene altos contenidos de Plomo y otros metales”.
Originaria de La Luz, Petra Puentes dice que fue testigo en sus años de infancia, de cómo la actividad minera acabó con pirules, manzanos, peras y demás flora afuera de las puertas de Santa Ana.
“Uno solo de ellos, el que queda, sobrevivió”, expresa. Y recuerda. “Cuando fui presidenta vino la empresa minera Real Bonanza, de José García. Pidió permiso para hacer un camino, sobre la ruta turística de la Asociación de Caballerangos (guías turísticos que ofrecen paseos a caballo). Dijeron: 'maguey que quitemos lo reponemos'. Para no hacerla larga ni siquiera pusieron un nopal en la ruta que abrieron que, al final fue cerrada por las quejas de los turistas”.
A ello, según Petra Puente, se suma la oferta que las empresas mineras hacen a la clase política. “Ellos ofrecen dinero por derecho de suelo. En otros municipios, por ejemplo, en Zaragoza, una empresa de cal ofreció 60 millones para cambio de uso de suelo. ¡Imagínate 60 millones de pesos, 100 millones, cuando el presupuesto de un municipio como Real de Catorce es de apenas 10 millones de pesos! ¡Imagínate un presidente municipal que nunca ha tenido dinero en la mano!”, exclama.
“Aquí en Real de Catorce, si la mina abre, lo más que dará empleo será durante 4 ó 5 años. No es mucha la plata que quedó pero, las consecuencias a futuro serán graves, sobre todo si utilizan cianuro u otro tipo de solventes que, pueden llegar a contaminar mantos acuíferos. A la larga, la mina dejará más que beneficios puros perjuicios”, asegura Ernesto Vega, sacerdote de Real de Catorce.
De acuerdo con el Pronunciamiento en Defensa de Wirikuta firmado por el pueblo wixarika de los estados de Jalisco, Nayarit y Durango, y otros organismos civiles y académicos, el 23 de septiembre de 2010, el daño debido a la actividad de First Majestic Silver será irreversible para 3 mil 500 personas.
“Hay una canción de Gabino Palomares que dice: en tiempos de las bonanzas mineras, vienen los que exploran las minas, se llevan la riqueza y dejan la pobreza...al final, a riqueza que existe en las minas no se queda con la gente, se la lleva quienes tienen los recursos y creo que esto es lo que se va a volver a repetir”, predice el párroco.
“Si un minero, hoy, le pega a una veta de oro, él obtiene su mismo salario. No es lo mismo con el empresario. El minero no participa en la riqueza, todo se centraliza y nunca ve nada de las ganancias. Todo se va a México, a la Bolsa de Valores y el minero, nada. Acá está la muestra: una compañía que trabajó durante 20 años y, ¿qué dejó? Nada. Pura contaminación y, desgraciadamente pobreza”, dice Humberto Fernández, un empresario hotelero de Real de Catorce, perteneciente al Frente Tamatzima Huaha, surgido en 2010 para hacer frente a la empresa minera. La agrupación alberga a representantes de las comunidades huicholas de Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Sebastián, Tuxpan de Bolaños, en Jalisco, Banco de San Hipólito, en Durango, ejidatarios y más de una decena de organismos civiles que abarcan la iniciativa privada, la academia y defensores de los derechos de los indígenas.
First Majestic Silver tiene en operación tres minas en México: La Parrilla, en Durango; San Martín, en Jalisco; y La Encantada, en Coahuila. Su apuesta en 2011 es Del Toro, en Zacatecas y el proyecto Real de Catorce, en San Luis Potosí.
“Lo que falta son alternativas para la gente. En Real de Catorce, por ejemplo, el 95 por ciento de la gente vive hoy del turismo. Un 80 por ciento del turismo que hay es religioso; en las fiestas de San Francisco, hasta 20 mil personas llegan en un día. Es un desmadre (...) Pero la mina, ya lo hemos visto, las minas trabajan 10, 15 años, cierran, se llevan la riqueza, se van y dejan toda su contaminación”, describe.
En diciembre de 2010, a petición de la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (Ajagi), la Universidad de Guadalajara llevó a cabo estudios en 70 muestras líquidas, sólidas, de tejido vegetal, suelo, cabello, piel, entre otras, recabadas en Wirikuta.
Los resultados revelaron una alta concentración de metales como el plomo y químicos, como el arsénico, en la mayoría de las muestras, incluida la de peyote. De tres peyotes recolectados por miembros de Ajagi, cerca de la comunidad de San José, dos de ellos
presentaron concentraciones de Plomo, Arsénico y Bario. El otro presentó Plomo, de acuerdo con el análisis hecho por el Laboratorio de Salud Ambiental de la UdeG.
“Recolectamos muestras de águila real y de otras dos especies de aves también protegidas en la zona. Nos llevamos plumas y, en el estudio, salieron con plomo y arsénico (...) Hay una contingencia ambiental generalizada por metales pesados debido a la actividad minera que solo ha dejado la riqueza de empresarios y la pobreza, desecación y contaminación en la gente. En La Luz, toda la gente quiere la mina, pero más que eso, quiere trabajo. El altiplano potosino es una zona olvidada por el Estado. Los habitantes quieren trabajo a pesar de la contaminación, las condiciones de esclavitud y los riesgos a la salud”, dice Tunuary Chávez, miembro de Ajagi.
Petra Puente, primera ex alcaldesa de Real de Catorce por Acción Nacional, relata: “hay bastantes problemas de salud en la zona; hay casos de insuficiencia renal por que la gente toma agua que tienen contaminantes. Está por ejemplo la comunidad de San José; en esa zona las personas tienen problemas de salud por el agua, por que tiene altos contenidos de Plomo y otros metales”.
Originaria de La Luz, Petra Puentes dice que fue testigo en sus años de infancia, de cómo la actividad minera acabó con pirules, manzanos, peras y demás flora afuera de las puertas de Santa Ana.
“Uno solo de ellos, el que queda, sobrevivió”, expresa. Y recuerda. “Cuando fui presidenta vino la empresa minera Real Bonanza, de José García. Pidió permiso para hacer un camino, sobre la ruta turística de la Asociación de Caballerangos (guías turísticos que ofrecen paseos a caballo). Dijeron: 'maguey que quitemos lo reponemos'. Para no hacerla larga ni siquiera pusieron un nopal en la ruta que abrieron que, al final fue cerrada por las quejas de los turistas”.
A ello, según Petra Puente, se suma la oferta que las empresas mineras hacen a la clase política. “Ellos ofrecen dinero por derecho de suelo. En otros municipios, por ejemplo, en Zaragoza, una empresa de cal ofreció 60 millones para cambio de uso de suelo. ¡Imagínate 60 millones de pesos, 100 millones, cuando el presupuesto de un municipio como Real de Catorce es de apenas 10 millones de pesos! ¡Imagínate un presidente municipal que nunca ha tenido dinero en la mano!”, exclama.
“Aquí en Real de Catorce, si la mina abre, lo más que dará empleo será durante 4 ó 5 años. No es mucha la plata que quedó pero, las consecuencias a futuro serán graves, sobre todo si utilizan cianuro u otro tipo de solventes que, pueden llegar a contaminar mantos acuíferos. A la larga, la mina dejará más que beneficios puros perjuicios”, asegura Ernesto Vega, sacerdote de Real de Catorce.
De acuerdo con el Pronunciamiento en Defensa de Wirikuta firmado por el pueblo wixarika de los estados de Jalisco, Nayarit y Durango, y otros organismos civiles y académicos, el 23 de septiembre de 2010, el daño debido a la actividad de First Majestic Silver será irreversible para 3 mil 500 personas.
“Hay una canción de Gabino Palomares que dice: en tiempos de las bonanzas mineras, vienen los que exploran las minas, se llevan la riqueza y dejan la pobreza...al final, a riqueza que existe en las minas no se queda con la gente, se la lleva quienes tienen los recursos y creo que esto es lo que se va a volver a repetir”, predice el párroco.
Tomado de Internet:
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