Por cólera, por camarada, por loa.
El paso que falta es ya casi una consecuencia natural. Si todo lo que vemos es resto de algo que fue, o quizá peor, que quiso ser; si todo es una parte, un pedazo, si lo que vemos son esquirlas o fragmentos del cántaro (quebrado de la poesía), entonces en eso deviene la única naturaleza posible. En consecuencia ahora todo arte está roto o fracturado, en alguna medida, o al menos rajado o: respecto a sus supuestos o alcances, respecto a su lenguaje o a su estilo o a su forma. De allí que en eso devenga el único modelo posible: su unidad reside en su multiplicidad o en su falta de unidad. Y así en todos los niveles. "Todos dan, todos reciben".
Era como decir también todo es aceptado y recibido. Las diferentes tendencias se suceden en los poemas y en los poetas, quizás sin demasiada coherencia. La cohesión interna misma del poema es a veces incompleta.
Claro que nada de eso en nuevo. La fractura como elemento estructural del discurso es algo que está presente desde principios del siglo, con las vanguardias, pero la fractura ahora ha dejado de ser la ruptura de la norma para convertirse en la norma misma. Por ello es que las fracturas son a todos los niveles y en todos los órdenes. Fractura en el discurso pero también en la identidad, fractura en la sintaxis pero también en la representación, fractura en la relación con el público y en la relación con la institución social de la literatura, etc.
Así se ha pasado de un sujeto que tiene una crisis de identidad a otro cuya identidad también está en crisis pero que por definición es un sujeto descentrado. El centro es lo que este sujeto precisamente niega o frente al cual no se haya.
AMADO AURELIO PEREZ
Jefe de redacción de la revista Panóptica
http://panoptica.net
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